El Petroleo se Cobra en Bitcoin: IRGC, Rusia y China Aceleran la Desdolarización

El Petroleo se Cobra en Bitcoin: IRGC, Rusia y China Aceleran la Desdolarización

  • Lucas Sfeir
  • Abril 13, 2026
  • 15 minutos

El IRGC exige BTC en el Estrecho de Ormuz, China y Rusia liquidan energía fuera del dólar

Hay semanas en que los mercados se mueven. Hay semanas en que el sistema se mueve. La semana que termina el 12 de abril de 2026 es de las segundas. Desde el Estrecho de Ormuz hasta los Andes bolivianos y las centrales nucleares francesas, Bitcoin está apareciendo donde ningún libro de macroeconomía lo había situado: como instrumento de liquidación soberana en transacciones de energía.

Es un argumento que Bitcoin está adquiriendo, de forma orgánica y bajo presión geopolítica, el rol de materia prima neutral para los intercambios económicos entre actores que no se fían mutuamente y no quieren depender de ningún sistema de pagos controlado por un tercero. Y que la semana del 6 al 12 de abril ha aportado más evidencia en esa dirección que cualquier semana de los últimos años.

El IRGC, el GENIUS Act y la demostración involuntaria de que Bitcoin no se puede congelar

El 1 de abril de 2026, Bloomberg informó de que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) había comenzado a cobrar peajes a los buques que transitaban el Estrecho de Ormuz, el cuello de botella por el que pasa aproximadamente el 20% del petróleo y el gas natural licuado del mundo. La tarifa: un dólar por barril, lo que puede suponer hasta dos millones de dólares por buque de gran tonelaje. Desde mediados de marzo, el IRGC lleva operando ese sistema con tres medios de pago aceptados: yuan chino vía CIPS, USDT y posiblemente Bitcoin.

Obsérvese lo que no aparece en esa lista: el dólar americano. Y obsérvese también lo que sí aparece: dos activos con los que el sistema de sanciones de Estados Unidos tiene dificultades operativas radicalmente diferentes. El yuan funciona fuera de SWIFT a través de CIPS, la infraestructura de pagos china. El USDT y el USDC son stablecoins vinculadas al dólar. Bitcoin no está vinculado a nada ni a nadie.

Por qué la regla de Bessent del 8 de abril lo convirtió en irreversible:

El IRGC tiene un historial documentado de preferencia por las stablecoins. Según Chainalysis, en 2025 las entidades vinculadas al IRGC movieron más de 3.000 millones de dólares en criptoactivos, con el USDT como medio dominante. La razón era operativa: las stablecoins mantienen el poder adquisitivo del dólar sin requerir acceso al sistema bancario correspondiente. Una ventaja enorme para un actor sujeto a sanciones comprensivas desde 1979.

El 8 de abril de 2026 —esta semana— el secretario del Tesoro Scott Bessent publicó junto a FinCEN y OFAC la regla conjunta que convierte ese texto en aplicacion operativa. La norma, que abre un período de comentarios de 60 días y tendrá plena vigencia antes del 18 de enero de 2027, designa formalmente a los emisores de stablecoins de pago como instituciones financieras bajo el Bank Secrecy Act. A partir de ese momento, Tether, Circle y cualquier emisor que quiera operar en el mercado americano está legalmente obligado a mantener programas AML, identificar a sus clientes, reportar actividad sospechosa y —lo más relevante para el IRGC— implementar controles técnicos para bloquear, congelar o rechazar cualquier transacción que viole las sanciones americanas, con programa documentado de cumplimiento de sanciones supervisado por OFAC.

Bessent lo describió sin ambigüedad: "Esta propuesta protegerá el sistema financiero de EE.UU. de las amenazas a la seguridad nacional."

Tether había demostrado esa capacidad en la práctica: el 2 de julio de 2025 bloqueó 42 direcciones IRGC en su mayor congelación de fondos iraníes hasta la fecha; en septiembre de 2025, Israel listó 187 direcciones IRGC vinculadas a 1.500 millones de dólares en USDT, de las cuales 39 fueron bloqueadas inmediatamente.

El resultado es predecible en retrospectiva: un actor sujeto a sanciones que había confiado en stablecoins descubrió que el GENIUS Act convirtió esas stablecoins en instrumentos potencialmente congelables por ley americana, con el emisor obligado a ejecutar esa congelación bajo pena de perder su licencia de operación en EE.UU. La respuesta del IRGC fue añadir Bitcoin como opción de pago en sus peajes. No porque Bitcoin sea ideal para transacciones de alto volumen —su volatilidad lo hace menos cómodo que una stablecoin—, sino porque Bitcoin tiene una propiedad que ninguna stablecoin puede ofrecer bajo el GENIUS Act: ningún emisor puede congelarlo porque no tiene emisor.

La ironía tiene dimensiones históricas. La ley GENIUS Act y su reglamento de ejecución del 8 de abril de Bessent fueron diseñados, según la Casa Blanca, para "asegurar el estatus de reserva global del dólar" y para "proteger el sistema financiero americano de amenazas a la seguridad nacional". Al obligar operativamente a los emisores de stablecoins a ejecutar órdenes de congelación de OFAC bajo pena de perder acceso al mercado americano, la norma transformó cada stablecoin relevante en un instrumento con un punto de control que cualquier actor sujeto a sanciones americanas debe evitar. La consecuencia directa: Bitcoin —que el sistema no puede controlarlo de forma efectiva— se vuelve más atractivo exactamente para los actores que Bessent pretendía excluir del sistema del dólar digital. La regla publicada el mismo día que el IRGC confirmaba sus peajes en Bitcoin no fue una coincidencia de calendario. Fue la confirmación de que ambos lados del conflicto están leyendo el mismo partido.

El fin del petrodólar y la búsqueda del BRICS: Bitcoin como solución que nadie planeó

El 8 de abril de 1974, Henry Kissinger llegó a Riad y selló con Arabia Saudí el acuerdo que reciclaría los ingresos del petróleo en dólares y luego de vuelta en bonos del Tesoro americano. Nacía el petrodólar: el sistema que vincularía la energía global al dólar durante medio siglo. El 8 de abril de 2025 —exactamente 51 años después— el investigador jefe de activos digitales de VanEck, Matthew Sigel, publicaba un informe titulado sin ambages: "Digital Assets: De-dollarization Moves Bitcoin Towards Monetary Role".

La tesis del informe era concreta: "China y Rusia han comenzado supuestamente a liquidar ciertas transacciones de energía en Bitcoin y otros activos digitales", escribía Sigel. No como experimento marginal. Como respuesta operativa a la presión del sistema de sanciones y a la guerra de aranceles detonada por el paquete del 2 de abril de Trump. Ese mismo día, el anuncio de nuevos aranceles hizo caer Bitcoin de 85.000 a 81.000 dólares. Y sin embargo, Bitcoin resistió mejor que el Nasdaq en todos los horizontes temporales relevantes.

"Estos son signos tempranos de que Bitcoin está evolucionando hacia una herramienta monetaria funcional, particularmente en economías que buscan evitar el dólar y reducir la exposición a los sistemas financieros liderados por EE.UU." — Matthew Sigel

La cámara baja del parlamento de Rusia de "prohibido" a "herramienta de estado" en cuatro años

El contexto legislativo ruso es inseparable de esta historia. En enero de 2022, el Banco Central de Rusia propuso prohibir las criptomonedas por completo, citando "amenazas a la estabilidad financiera". Dos años y medio después, la misma institución supervisaba los primeros pagos en criptomonedas para el comercio internacional ruso.

El giro fue legislativo y acelerado. En julio de 2024, la Duma Estatal o cámara baja del parlamento, aprobó con 404 votos a favor —el 89,8% del total, sin ningún voto en contra— una ley que permitía el uso de criptomonedas para pagos en comercio internacional. Anatoly Aksakov, presidente del Comité de Mercados Financieros, lo declaró ante los legisladores con una frase que quedaría en los registros.

"Estamos tomando una decisión histórica en el ámbito financiero. Los pagos que hoy pasan por el sistema bancario son visibles para los enemigos que presionan a los bancos. Esta ley permitirá eludir el sistema bancario, de modo que la influencia externa se minimizará."

El 8 de agosto de 2024, Putin firmó las leyes. Las primeras operaciones piloto en criptomonedas comenzaron en septiembre. La minería de Bitcoin quedó legalizada en noviembre. Para abril de 2025, según cuentas directas citadas por Jonathan Hamel y verificadas por múltiples analistas, tanqueros completos de crudo se estaban liquidando en Bitcoin en el mercado "gris" de comercio bilateral entre Rusia, China y otros socios comerciales dispuestos a operar fuera del SWIFT. Venezuela aparecía también en esas transacciones.

Por qué Bitcoin y no el yuan, el oro o una CBDC del BRICS

El BRICS lleva años buscando un sustituto del dólar para el comercio entre sus miembros. El yuan no funciona porque ningún país que no sea China quiere una dependencia del renminbi equivalente a la dependencia del dólar: sustituiría un amo por otro. El oro es incómodo para el comercio de alta frecuencia: requiere custodia física, auditoría y transporte. Las propuestas de CBDC del BRICS —incluyendo la plataforma mBridge del BIS— siguen en fases experimentales con problemas de gobernanza no resueltos: ¿qué banco central controla la unidad de cuenta? ¿Quién tiene el poder de congelar?

Bitcoin elimina ese problema de raíz. No tiene banco central. No tiene emisor. No tiene punto de control. No puede ser congelado por un gobierno unilateralmente. Su precio es volátil —lo que lo hace imperfecto para una moneda de reserva estable— pero en transacciones de commodities que se liquidan en minutos o en pocas horas en la blockchain, la volatilidad de corto plazo es un riesgo menor que la exposición a un sistema de sanciones controlado por un adversario geopolítico. El comentario de Putin en el foro Russia Calling —"nadie puede prohibir el uso de Bitcoin"— fue más que retórica: fue una descripción técnica de la propiedad que lo convierte en útil para Estados soberanos en conflicto con Washington.

La ironía geopolítica mayor de este momento: Estados Unidos armó el sistema de stablecoins como "petrodólar digital", diseñado para extender el alcance del dólar a través de infraestructura blockchain. El GENIUS Act obligó a esas stablecoins a ser congelables por ley. Esa decisión —técnicamente necesaria para el cumplimiento regulatorio— las excluyó del conjunto de herramientas disponibles para actores sujetos a sanciones. Y eso empujó a esos actores exactamente hacia el activo que el sistema de sanciones no puede controlar. El GENIUS Act terminó siendo el argumento de venta más efectivo para el Bitcoin.

Bolivia importa electricidad en cripto y EDF mina el excedente: la energía que busca dinero neutral

Matthew Sigel no solo habló de Rusia y China en su informe de abril de 2025. Añadió dos casos más que, vistos juntos, dibujan un patrón: Bolivia ha anunciado planes para importar electricidad utilizando criptomonedas. La empresa francesa EDF —Électricité de France, la mayor eléctrica del mundo por ingresos— está explorando usar su excedente de generación, actualmente exportado a Alemania, para minar Bitcoin.

Los dos casos son geográficamente y estructuralmente opuestos, pero económicamente convergen en el mismo punto: la energía necesita dinero neutral. Bolivia quiere importar electricidad sin pasar por el sistema bancario internacional, donde los cortes de correspondencia bancaria o las restricciones regulatorias pueden bloquear transacciones críticas para un país en desarrollo con acceso limitado a divisas. El Bitcoin le ofrece un carril de pago que no requiere la aprobación de ningún banco corresponsal en Nueva York o Frankfurt.

EDF, en el extremo opuesto del espectro, tiene el problema inverso: sobra energía. Francia genera más electricidad nuclear de la que consume en determinadas horas del día y ciertos días de la semana —especialmente cuando la demanda alemana es baja o los precios spot en el mercado europeo caen por debajo del coste marginal de generación—. En lugar de pagar por verter ese excedente a la red alemana a precio negativo, EDF explora convertirlo en Bitcoin: un activo que puede almacenarse, venderse cuando el mercado lo favorezca, y que no requiere infraestructura de distribución adicional.

Las palabras de Sigel describen algo que los economistas del petrodólar entenderían bien: en la economía global, la energía es la mercancía fundamental y el dinero es el lenguaje en que se mide. Cuando el lenguaje oficial se convierte en un instrumento de presión geopolítica, los actores buscan un idioma neutral. El petróleo encontró el dólar en 1974. La energía del siglo XXI, bajo presión de sanciones y fragmentación del comercio, está encontrando Bitcoin.

Bitcoin como materia prima monetaria neutral

Existe un marco conceptual para entender todo lo anterior: Bitcoin como materia prima monetaria neutral. Es el equivalente digital del oro en el sistema de Bretton Woods: un activo sin pasivo correspondiente, sin emisor con agenda política, que puede funcionar como colateral o medio de liquidación entre partes que no se fían mutuamente.

El oro cumplió esa función durante décadas en el comercio internacional. Sus limitaciones eran físicas: peso, custodia, transporte, auditoría. Bitcoin resuelve todas esas limitaciones con un coste de transacción que puede ser de céntimos en Lightning Network y una liquidación que no requiere custodio físico ni auditor de terceros. Su limitación principal —la volatilidad— es un problema manejable en transacciones de corto plazo que se liquidan rápidamente. No es un problema para quien lo usa como colateral en una hipoteca de 30 años. Es un problema menor para un tanquero de crudo que liquida en 24 horas.

El IRGC no eligió Bitcoin porque le guste Satoshi. China y Rusia no liquidan energía en Bitcoin porque sean maximalistas. Bolivia no importa electricidad en cripto por ideología libertaria. EDF no mina Bitcoin porque crea en la descentralización. Todos lo usan porque resuelve un problema concreto: ¿cómo mover valor entre partes que operan fuera del sistema financiero convencional y sin depender de un emisor que puede congelarlo?

La pregunta que queda sin responder es de escala y velocidad. El comercio de commodities global moviliza decenas de billones de dólares al año. Los volúmenes actuales de Bitcoin en liquidaciones energéticas son, todavía, marginales en ese contexto. La diferencia entre "señal emergente" y "estándar de facto" no es tecnológica: ya existe la infraestructura. Es política: depende de cuántos actores soberanos decidan que el riesgo de la volatilidad de Bitcoin es menor que el riesgo de la arbitrariedad del sistema de sanciones. Cada semana que el GENIUS Act bloquea una dirección del IRGC, cada arancel de Trump que empuja a China a buscar alternativas al SWIFT, cada sanción que congela reservas rusas en la Fed, el argumento de Bitcoin se hace un poco más sólido. No porque Bitcoin haya cambiado. Porque el sistema ha dejado de parecer neutral.

Artículo de opinión. No constituye asesoramiento financiero ni de inversión.

Fuentes: Bloomberg (1 abr. 2026) · Fortune (10 abr. 2026) · CoinDesk (9 abr. 2026) · Chainalysis (Crypto Sanctions 2026 / blog IRGC Hormuz) · TRM Labs (9 abr. 2026) · VanEck / Matthew Sigel (informe 8 abr. 2025) · CNBC (30 jul. 2024) · Chainalysis (Russia Crypto Pivot) · Casa Blanca – Fact Sheet GENIUS Act (18 jul. 2025)